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Gambia

Fuente: O´DAM ONGd

Mutilación genital femenina: un reto global de desarrollo

Una práctica tradicional

Las Mutilaciones Genitales forman parte de las llamadas "Prácticas Perjudiciales Tradicionales" (PPT). Son procedimientos basados en la tradición o la costumbre con consecuencias que afectan a la salud, integridad y derechos de las personas pero que, a su vez, dotan de identidad cultural y cohesión social a los miembros de una sociedad.

Aunque causen daños a la persona (y a veces muy gravemente) el peso de la tradición y la presión social hace que un número de las personas que las sufren las consideren buenas y deseables. Al igual que con la Mutilación Genital Femenina, muchas personas son conscientes de los efectos dañinos de estas prácticas tradicionales, pero continúan con ellas por el miedo al rechazo y el estigma social que supone renunciar a la práctica.

Algunos otros ejemplos de Prácticas Tradicionales Perjudiciales son: el corte de la úvula, el planchado de los pechos, el matrimonio forzado, el matrimonio temprano, el vendado de los pies, etc.

Mutilaciones genitales

Una mutilación consiste en la eliminación parcial o total de un órgano o miembro sano del cuerpo por motivo no terapeúticos; es decir, por razones culturales, sociales o religiosas. Las mutilaciones genitales han afectado y afectan tanto a mujeres como hombres, a niñas y a niños. Por ello, existen tanto las Mutilaciones Genitales Masculinas (MGM) como Mutilaciones Genitales Femeninas (MGF) y ambas prácticas se remontan a un mínimo de 2.000 - 6.000 años a.C, según el tipo de mutilación. Su origen, aunque tan antiguo, es muy incierto y existen diferentes teorías.

Según la Organización Mundial de la Salud hay más de 600 millones de hombres y 130 millones de mujeres en el mundo que han sufrido algún tipo de mutilación genital. Pero las mutilaciones genitales masculinas y femeninas son prácticas específicas y sus consecuencias son diferentes.

La Mutilación Genital Femenina es un práctica que perpetúa y pone de manifiesto la desigualdad por motivos de género y que sitúa a niñas y mujeres en una situación de inferioridad.

La práctica de la MGF se sustenta en diferentes argumentaciones que pueden variar considerablemente en función no sólo de la sociedad o del grupo étnico, sino también de perspectivas individuales: el rol de la persona en la comunidad, las responsabilidades del cargo que ostenta, si es hombre o mujer, lo que se espera de ella, etc. Las respuestas al "por qué" de la MGF no son homogéneas ni siquiera dentro de una misma comunidad. Un líder religioso local puede argumentar que es un precepto religioso y una abuela que debe hacerlo para poder casar a su nieta. Precisamente en la diversidad de argumentos reside una de las mayores dificultades en el abordaje de la eliminación de la práctica pese a los muchos esfuerzos desde las organizaciones locales y la cooperación internacional para el desarrollo.

Las consecuencias de la MGF varían y pueden llegar a ser muy graves. Superando el momento de la mutilación (que puede acarrear la muerte por hemorragia) muchas niñas y mujeres sufrirán consecuencias toda su vida. El parto es otro momento de gran riesgo para las mujeres mutiladas y sus bebés.

Por varios motivos es muy difícil tener datos exactos del alcance real de la MGF; es una práctica tabú para muchas culturas y muchos de los países en los que se realiza no disponen de sistemas sanitarios que permitan la recogida de información ni la atención médica a las niñas y mujeres mutiladas.

Desde un punto de vista histórico, la Mutilación Genital Femenina es una práctica que ha estado vigente en los cinco continentes. Incluso en Europa hasta principios del siglo XX se consideró la extirpación del clítores como una solución para algunos trastornos mentales considerados "femeninos".

En la actualidad, esta práctica pervive con diferentes prevalencias en África, Asia y en países receptores de emigración dentro de Europa y en Norteamérica. En algunos países, más del 90% de las niñas y mujeres siguen siendo mutiladas.

Los motivos para la MGF se siga practicando hoy en día son muchos, diferentes entre sí y complejos. Además, estos motivos tienen que ver con la identidad cultural, no con la nacionalidad de la persona. Es importante saber que dentro de un país no existe homogeneidad entre las culturas que habitan en él. Por ello, pese a ser culturas "vecinas" unas practican la MGF y otras no; dentro de una misma cultura puede haber quien la practique y quien esté en contra o luche activamente contra ella.

8.000 niñas corren el riesgo de ser mutiladas cada día en todo el mundo

Por eso, la lucha contra la Mutilación Genital Femenina es una lucha global en la que ciudadanos, ciudadanas, instituciones y gobiernos del Norte y del Sur debemos trabajar conjuntamente.

El número de mujeres y niñas afectadas por esta práctica urge acciones globales y contundentes desde la cooperación internacional para el desarrollo. Pero la contundencia no implica ninguna superioridad moral de Occidente ni reduccionismo o amarillismo en las estrategias y programas puestos en marcha. Debemos incrementar nuestro conocimiento y mejorar nuestro abordaje de la lucha contra la MGF desde esta perspectiva global y diferenciada, en un trabajo codo a codo y mano a mano con las organizaciones y comunidades locales.